“Mamá, yo quiero ir solo…” De la autonomía del niño y el miedo parental

niños autónomos en la calle y los miedos de los padresReflexiones en voz alta sobre la autonomía que los niños nos piden con respecto a moverse por la ciudad y los miedos parentales al respecto. Solo sé que tarde o temprano, nos hemos de “ocupar” del tema y cuanto antes lo trabajemos más fácil será el paso.

Ahora que han comenzado las clases, se empiezan a establecer las rutinas cotidianas y mi hijo mayor vuelve a repetir la frase “Mamá, yo quiero ir solo…”; vuelve a mi cabeza una de las preguntas que antes del verano me dejé sin contestar: ¿cuándo es el momento idóneo para dejar ir solos a los niños por la ciudad?

No es nada fácil la respuesta pero sigo pensando que el mayor problema para encontrar el momento adecuado radica en nuestros propios temores, como te decía en “La ciudad para los niños y los miedos para los padres”.

A mí es un tema que me tiene “ocupada” mentalmente, porque cada vez escucho en casa más fuerte la frase del principio y veo que me piden más autonomía, más movimiento libre sin tanto control, más distancia, más confianza… Y siento que estamos en esos “primeros momentos” donde la mayor duda es saber si es el momento adecuado para soltar la cuerda y dejar volar.

Y me pregunto si uno no lo sabe porque no está seguro de que su hijo esté o no preparado, o por la confusión que nos genera el ver tantos niños tan controlados y acompañados a todos lados: ¿Debe ser que es muy pequeño para…? A ver si me estoy adelantando y aún no le toca… Si los otros no lo hacen, ¿el mío tampoco debería?

¿Complicado, verdad? Pero lo que sí tengo claro es que cada niño es único y especial, que cada niño tiene su tiempo de maduración y esto hay que tenerlo muy presente y saberlo escuchar. Porque los niños nos hablan, con sus gestos y sus palabras de sus necesidades, de sus “ya estoy listo para hacerlo solo”… Y eso llega cuando llega, no cuando lo marca el libro sobre pediatría o el código social.

Igualmente ocurre en el adulto, necesitamos nuestro propio tiempo para digerirlo y asimilarlo, para analizarlo y evaluarlo. Pero lo que me gustaría expresar es que no nos confunda esta maduración interna del adulto con los miedos infundados socialmente.

Visto lo visto, mi punto de reflexión aquí está en saber distinguir y analizar por separado varias cuestiones para poder dar respuesta a la pregunta sintiéndonos totalmente libres (sin ataduras) y conscientes de nuestros actos:

  • Maduración del niño.
  • Maduración personal.
  • Distinción entre miedos propios y miedos sociales.

Pero sea como sea, tengamos en cuenta que esta situación en un momento u otro nos llegará o nos ha llegado ya, por lo que creo que es fundamental reflexionarlo cuanto antes y entrenarnos (tanto nosotros como a nuestros hijos) para que este momento llegue con unas bases fuertes, y que el tránsito sea paulatino y no drástico.

Dar pequeñas concesiones de libertad es interesante para su aprendizaje, para su auto conocimiento, su seguridad y su necesidad de libertad y autonomía. 

Y algunas de esas concesiones podría ser bajar un rato a jugar a la calle (cada uno conoce la calle que tiene debajo…), o quedarse un rato abajo antes de subir a casa, ir a buscar a algún amigo que viva en su misma manzana de calle, dejarle ir unos cuantos metros por delante, dejarle cruzar solo alguna calle poco concurrida, ir a comprar sólo…

Y así ir juntándolos con otros niños que se encuentren en la misma situación para que vayan haciendo un grupo que será importante en el momento en el que vayan realmente solos.

Yo estoy trabajando en ello y poco a poco vamos ampliando distancias, porque creo en la gran importancia que tiene este tipo de autonomía en los niños. Porque en definitiva es algo muy parecido al juego donde:

“El verbo jugar sólo se puede conjugar con el verbo dejar y no con acompañar o cuidar” Francesco Tonucci.

Pero sé que no es fácil… Y tú ¿cómo lo tienes este tema en casa?

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8 comments on ““Mamá, yo quiero ir solo…” De la autonomía del niño y el miedo parental

  1. Anna
    29 septiembre, 2015 at 22:25

    Todavia no nos toca, mi hija tiene 3 años, pero si que me ha hecho pensar en algo que nos sucedió hace unos días. Caminábamos con mi marido y mis hijas, cuando la mayor nos insistía en que nos regresaramos a casa para ir a buscarle un juguete. Al decirle que no, se enfadó mucho y empezó a gritar y le dijimos que si quería, podía ir ella sola. Su respuesta fue: – Pero si voy sola me perderé.
    Aunque conoce muy bien el camino, ella no tiene todavia la confianza, ni le toca, para ir ella sola.
    Tendré en cuenta los pasos para cuando sea un poco mayor.
    Gracias.

    • rejuega
      29 septiembre, 2015 at 22:39

      Anna, a esa edad, como tú bien dices, no está preparada para afrontar algo tan importante para ellos como es la plena autonomía de movimiento en una ciudad. Primero porque si nos ponemos en su piel o simplemente a su altura, todo se ve como si fuera un mundo gigante y ella una hormiguita. Pero creo que te tendió la mano a algo muy importante como es el aprender a orientarse para no perderse. De ahí podrías sacar muchas ideas para que ella vaya fijando los caminos cotidianos y jugar a que, poco a poco, ella te guíe un tramo. Así irá viendo que se conoce el camino y que sería capaz de llevar hasta al resto de la familia a casa.
      Por otro lado y algo con lo que yo suelo tener un tanto de cuidado es con el infundir miedo a la calle, a que le pase algo, a que se pierda, a que haya gente mala… porque lo que creo que se puede conseguir es que le tengan miedo a todo lo que se mueva por ella. Creo que el respeto es mejor que el miedo así que también puede ser un punto interesante a trabajar según la contestación que te ha dado.
      Pero ya ves que si quieres puedes empezar desde bien pequeña, jugando, a enseñarles su propia autonomía y responsabilidad en la ciudad. Un abrazo y gracias por compartir tu experiencia!

  2. Ser psicóloga educativa hoy
    30 septiembre, 2015 at 07:23

    Mi hija es muy pequeña, tiene 4 años, pero le gusta ir sola a la tienda mientras esperamos a la vuelta de la esquina o acercarse cuando estamos en la plaza a la panadería a comprar solita colines. Hace unos meses estando yo enferma quiso ir sola a la clase de música ( unos 400 metros desde casa) yo se que ella conoce el camino y le pregunté si creía que era capaz de ir sola. Después de pensarlo un poco, es muy reflexiva, me dijo que si pero que lo que no podría es volver porque no llega el telefonillo. Me sorprendió su capacidad para hacer el recorrido ida y vuelta mentalmente y prever las dificultades que podía encontrarse. Está claro que subestimamos su capacidad por nuestros miedos.

    • rejuega
      30 septiembre, 2015 at 15:16

      Desde luego que sí Consuelo, yo también creo que subestimamos muchísimo a nuestros hijos y lo hacemos sin querer en la mayoría de los casos… pero en el momento en que le damos oportunidades nos devuelven unas respuestas como la de tu hija. Me ha encantado lo que nos explicas porque es un claro ejemplo de ésto que decíamos. Y seguramente, si le diéramos pie a la conversación ellos solitos encontrarían una muy buena solución, aunque no siempre sea realizable!! Lo importante es que nuestros miedos no anulen ni a ellos ni a nosotros mismos, por eso encuentro interesante diferenciar las partes que marcaba en el post para reflexionar. Un abrazo!

  3. mirari
    30 septiembre, 2015 at 08:02

    yo recuerdo ir sola a la biblioteca después del cole, con 6-7 anyos, bajar después sola a casa, tranquilamente. y eso en un pueblo de unos 5000 habitantes. en cambio ahora serîa incapaz de dejar a mi hija hacerlo a esa edad, incluso que vivimos en una mini calle con una veintena de casas, pero con varias casas rurales y sinceramente nunca sabes si esos turistas holandeses o alemanes tienen buenas intenciones. tal vez sea sobreprotectora, pero me costarà mucho dejarla ir sola…

    • rejuega
      30 septiembre, 2015 at 15:24

      Mirari, una de las primeras cosas que tenemos que tener en cuenta, es el entorno en el que vivimos. No es lo mismo una inmensa ciudad, a un pueblo o una casa aislada, y cada uno sabe cómo es su entorno. Al igual que cada niño y cada padre es particular. A partir de ahí cada uno se ha de observar, revivir (como tú has hecho recordando tu autonomía en tu pueblo de la infancia), observar y reflexionar al respecto.
      Yo tengo calles muy transitadas que sé que ahora mismo no es momento para cruzarlas solo, pero sí que voy dejándole distancias cada vez mayores para que las vaya cruzando con mi vigilancia en la distancia, y otras ya las cruza sin que le vea porque son menos transitadas. El primer día que se fue sólo casi subo a su clase a ver si había llegado (me dí cuenta de la dependencia que tenemos del móvil ;), pero encontré anclas que me fueron diciendo que todo estaba bien.
      Cada uno decide cuándo es el momento pero ir creando esas anclas (por ejemplo los dueños de las casa rurales, si están presentes…) o similares que le vayan permitiendo dar pasitos más grandes.
      Es difícil, todos necesitamos nuestro tiempo!!

  4. Rut
    30 septiembre, 2015 at 15:36

    En mi ciudad se han puesto en marcha los “caminos escolares”. Se trata de que los niños vayan andando al cole en grupo desde 3* de primaria. Creo que puede ser un quitamiedos para los padres

    • rejuega
      30 septiembre, 2015 at 15:42

      Sí Rut, lo conozco. En mi ciudad también hay! Pongo el enlace para quien no lo conozca y pueda interesarle: http://www.dgt.es/es/seguridad-vial/educacion-vial/recursos-didacticos/infancia/proyectos-de-camino-escolar.shtml
      El problema en nuestro caso es que el cole está lejos de casa aunque vamos caminando.Y esos caminos no nos llevan hasta el nuestro. Pero la filosofía es parecida a la que decía de crear anclas. En el camino escolar los establecimientos del recorrido que quieran adherirse tienen insignias para que los niños los reconozcan y sepan dónde recurrir si necesitan algo.
      La verdad es que es muy buena idea y si, seguro que a muchos padres les deja más tranquilo!!

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