El lector no nace, se hace

Si desde que son muy bebés a los niños le introducimos la lectura, adecuada a su edad y sus gustos, de niños verán los libros como objetos cotidianos de uso diario, como un juguete más con el que pasar el tiempo. Y si continuamos durante su crecimiento acompañándolos con la lectura, lo más seguro, es que convertiremos a nuestros hijos en futuros lectores porque…

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Lo tenemos muy fácil porque lo mejor de todo es que a los niños, desde muy pequeños, les encantan los libros. ¿No lo crees? Yo desconozco la razón científica, la verdad, pero lo tengo comprobado por mis dos hijos y por la observación de los hijos de mis amigos: a los niños les encantan los libros. Pueden pasar tiempo atentos a la historia si la historia es adecuada, puede leerse una y otra vez el mismo libro en el mismo momento, pueden leerlo de 2 páginas en 2 páginas o de atrás hacia adelante. Si le ofreces un libro, ellos lo utilizarán; y no importa si lo leen al revés, lo importante es que se aproximen. Por esto, el hábito de la lectura en los niños debería fomentarse desde que son bebés. Buscar momentos de lectura para compartir con ellos es muy importante y los beneficios son muchos:

  • Nos permite pasar un rato entretenidos y relajados disfrutando de una acción que, en general, gusta tanto a niños como adultos.
  • Fortalece los vínculos afectivos ya que suele realizarse en contacto con el adulto.
  • Favorece la conversación y reflexión. Cuando los niños son un poco más grandes, durante el cuento o al acabarlo, surgen conversaciones sobre la historia. Este hecho es interesante si queremos trabajar algún aspecto concreto en el niño.
  • Favorece la concentración. Es increíble como niños que pueden ser muy activos, al ponerle un libro delante, son capaces de parar y prestar atención. Poco a poco, con el hábito, esos periodos de atención irán aumentando, favoreciendo su capacidad de concentración y de escucha.
  • Fomenta la imaginación. Las historias que escuchan o leen abren su mente y activan la imaginación transportándolos a su mundo imaginario, cada vez que las escuchan o leen!
  • Favorece la empatía. Igual que hablábamos del teatro, las historias de los libros con sus personajes, sus acciones, sus creencias y vivencias hacen que el niño se ponga en su lugar y entienda los sentimientos de los otros.
  • Fomenta el amor por la lectura. Que nos vean leer, leerles y leerles viviendo el libro: utilizando la entonación y las pausas adecuadas; hace que lo disfruten y a su vez que quieran imitarnos, ahí una oportunidad fabulosa para fomentar el interés por leer y para que nos lean.
  • Favorece el vocabulario, la pronunciación y la expresión oral. Lógicamente, los niños van descubriendo palabras, conceptos y expresiones nuevas que irán incorporando a la vez que irán perfeccionando su pronunciación al oírnos leer.

Y, ¿cómo hacerlo?. Por nuestra experiencia, te cuento varias ideas que nos funcionan muy bien:

  • Crear una biblioteca accesible a ellos; un espacio en una estantería donde puedan acudir siempre que quieran y donde encontrar sólo sus libros infantiles.
  • Rotación de libros; adquiriéndolos en librerías, bibliotecas e intercambios con amigos. La rotación la hacemos para adecuarlos a la edad e intereses tanto del niño como propios ya que podemos querer tratar ciertos temas con los niños por medio del libro. En estos casos buscamos consejo en librerías especializadas en infancia.
  • Variedad de material. Procuramos que haya una variedad de tipos de libros tanto de maneras de contar una historia, de temáticas como de ilustraciones y fotos. Esta variedad les llevará a descubrir diferentes maneras de interpretar, expresar, describir una historia introduciéndolos en el mundo creativo tanto literario como artístico, favoreciendo su sensibilidad estética.
  • Respetar su elección. Es muy importante que sea el niño quién escoja y que aceptemos lo que escoja, siempre se puede sugerir otro libro pero empecemos por el que nos ofrecen para leerles.
  • Crear rutinas. Es muy importante que cada día haya un momento de lectura, como mínimo, y ser constantes. La noche es, en nuestro caso, el momento más importante para leerles.
  • Dejar que los hermanos mayores intervengan en el fomento de la lectura de los pequeños. Les hace sentir muy útiles e importantes a la vez que se esfuerzan, sin darse cuenta, en hacerlo tan bien como le gustaría que se lo hicieran a ellos. Es mágico!

En resumen: los niños no nacen lectores sino que se hacen y se hacen si los acompañamos a ello y sobre todo, si disfrutamos con ellos al hacerlo. ¿Con qué libros disfrutáis vosotros en casa?

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