Por qué y cómo poner deberes para el verano

Deberes para el verano. Repensando el por qué y el cómo hacerlos

Una oportunidad para darle una vuelta de tuerca a lo que nos gustaría que aprendieran o que aprovecharan el verano para repasar… Un paso a reflexionar el por qué y el cómo hacerlo para que realmente esos aprendizajes sean significativos.

Hoy quiero compartirte, seas madre o profe, un poco de reflexión sobre cómo queremos que sea este verano que está a punto de empezar para tus alumnos o para tus hijos e hijas.

Soy consciente, desde la mirada adulta, que quizás tengas intención de:

 

  • Fortalecer, practicar o ampliar el contenido curricular que los alumnos y alumnas o tus hijos e hijas no han acabado de trabajar del todo este último trimestre por el confinamiento.
  • Ofrecer contenido curricular para que no sea tanto tiempo sin clases.
  • Rellenar el verano con contenido educativo porque no han hecho mucho últimamente…

Seguramente haya más opciones y todas son válidas.

Pero te pregunto… ¿de dónde sale esta intención? ¿quién la maneja?

Es interesante pararse a pensar en ello porque quizás, lo que hay detrás de esa intención es:

  • Miedo a que mis alumnos o hijos e hijas se queden atrás,
  • Miedo al juicio social donde evaluarán mi nivel de implicación en la educación de mis alumnos/hijos o hijas,
  • Miedo a las críticas de las familias,
  • Necesidad de rellenar un tiempo con contenido porque no sé cómo lo vamos a hacer con tantos días por delante.
  • Tengo más tiempo para estar con ellos y puedo dedicarme a reforzar eso que llevan un poco más flojo.
  • Es algo que me está pidiendo mi alumno / hijo/hija.
  • Creo que es importante que sigan aprendiendo durante todo este tiempo para que así no pierdan el hábito.

Sabes que no voy a opinar al respecto porque sé que eso que a ti te motiva, es totalmente lícito. ¡Tú así lo sientes! y eso está bien. Pero saber qué es lo que te está moviendo de verdad a ello es importante porque te darás cuenta si eso que haces lo haces por ti, por tu necesidad/miedo/autoestima/control (llámalo como quieras), o porque ves que tus alumnos o hijo o hija te lo está solicitando y crees que es una buena oportunidad para acompañar…

Desde ese PARA QUÉ lo haces y DESDE DÓNDE lo haces

Desde ahí vamos a hablar de las posibilidades. ¿Te parece?

¿Cuáles son las mejores actividades para aprender en verano?

Si lo que buscas es aconsejar a tus alumnos y/o acompañar a tus hijos e hijas con actividades didácticas para reforzar/adquirir contenido concreto; decirte que todo contenido es mejor asimilado si:

  • Nace de una motivación del niño o la niña.
  • Si hay material que pueda manipularse para comprender mejor.
  • Si el material, el entorno, la propuesta genera curiosidad al niño o la niña.
  • Si durante ese aprendizaje nuestra figura alienta y no rescata ni resuelve, y mucho menos critica ni menosprecia.
  • Si el momento del aprendizaje se convierte en una experiencia (compartida contigo o no) pero que pueda generar una emoción positiva. Es cuando surgen los ¡Alá, mira lo que he hecho! o ¡Fíjate lo que he descubierto! o ¡Lo he hecho yo solo!…
  • Buscamos contenido relacionado con la realidad inmediata.
  • Damos tiempo, sin presionar, para que vayan relacionando y desarrollando su propio proceso de aprendizaje.

¿Por qué plantear los deberes de verano de esta manera?

Me gustaría dejar de llamarlos deberes porque para el verano lo que debería de haber son oportunidades de aprendizaje y exploración.

Si partimos desde esta mirada de exploración y curiosidad, se nos genera todo un mundo de oportunidades diarias para que los niños y las niñas aprendan sin necesidad de poner ningún tipo de deber explícito.

Así, ese contenido educativo que te gustaría que adquirieran, lo pueden encontrar en lo cotidiano, en las preguntas que te plantean, en el tema que le motiva, en un viaje en coche o en la espera de una estación.

Con respecto a esto, te sugiero estas ideas:

Y, ¿por qué así?

  • Porque cuando acompañamos a partir de esas ganas que transmiten cuando un tema les interesa, será tan sencillo como ir tirando de un hilo. Tan solo es descubrir qué le motiva y explorar juntos las posibilidades que nos ofrece el tema. Si son los animales lo que le motiva, por ejemplo, podemos aplicar las nociones matemáticas, geográficas, lingüísticas, plásticas, físicas, anatómicas… Infinitas posibilidades si abrimos bien los oídos y, por medio de preguntas abiertas, que invitan a reflexionar y activen las ganas de indagar, pueden salir proyectos increíbles.
    • ¿Sabes que comen los caballos?
    • ¿Comen más o menos comida que una vaca?
    • ¿Cuántas razas hay de caballo? ¿Qué características tienen cada raza?
  • Parte de lo que sabe en ese momento y cuando tenga la información de lo que sabe, plantea qué le gustaría saber y cómo puede hacer para saberlo.
    • ¿Cómo puedes conseguir más información?
    • ¿A quién conoces que pueda responder esa pregunta?
    • ¿Sabes de algún lugar donde poder verlo?
    • ¿Hay alguien cercano que pueda saber más sobre este tema?
  • Dependiendo del tema, durante las vacaciones puedes ir a lugares determinados donde poder ampliar esa información, ver en directo y hasta tocar…
    • Una excursión,
    • Un museo,
    • Una exposición,…
  • Expresa tu interés por lo que va descubriendo, por las conclusiones que saca e invita a que quede plasmado de alguna manera para que luego pueda compartirlo con el resto de familiares o la maestra.
    • ¿Me encantaría saber qué has descubierto hoy sobre…?
    • ¿De qué formas puedes colocarlo/ponerlo para que nos lo puedas explicar y entenderlo mejor? Si no se le ocurre, hay variedad de maneras de presentar el contiendo: desde libretas de trabajo, lapbooks, cartulinas, mapas mentales. Podemos descubrir juntos estas propuestas y que pruebe la que más le gusta.

Pero a donde realmente quería llegar era a esta pregunta: ¿necesitan deberes este verano?

Volviendo al principio, me gustaría aportar otra vuelta de tuerca a este tema: ¿realmente necesitan deberes?

Pongámonos en situación: venimos de un momento histórico, donde los niños y las niñas han aplicado la resiliencia como ningún otro, han estado adaptándose también a una realidad que, en muchos casos, le ha costado manipular para entenderla.

Venimos de un momento donde muchos adultos han optado por seguir ‘como si nada’ con el contenido curricular sin prestar mucha atención a cómo estaba ese niño o esa niña en su entorno. Y no sé si lo sabes pero:

Un niño o una niña, cuando mejor aprenden es cuando sus necesidades emocionales están cuidadas y se siente seguro. Y cuando sus necesidades básicas están cubiertas y seguras, es cuando el aprendizaje puede asimilarlo de forma significativa, conectándolo con una emoción positiva. ¡Ahí aprende!

Y hemos ido tan rápido (todos y todas), que, en muchos casos, no nos hemos parado a pensar cómo estaban, qué necesitaban, cómo se sentían…

Y ahora llega el verano, ese tiempo donde poder relajarse y disfrutar, donde poder compartir en familia y pretendemos seguir llenando de contenido sus mentes que aún no están integradas con sus emociones ni con su cuerpo.

Para aprender necesitamos estar bien, sentirnos seguros, amados, con vínculo con nosotros mismos y con el entorno cercano. Necesitamos que nuestra mente, nuestro corazón y nuestro cuerpo bailen al mismo son…

Y esto lleva un poquito más de tiempo y, sobre todo, mucha observación por parte del adulto hacia el niño o la niña.

Si paras, podrás ver cómo está, qué le apetece de verdad, a qué le gusta jugar y de qué forma lo está haciendo. El juego es el mejor medio de expresión (el dibujo también), para ver cómo se sienten por dentro.

Y cuando veas que está listo, que está conectado y motivado, es ahí cuando ese contenido didáctico puede comenzar a entrar en sus vidas. Sin prisas, sin obligaciones, sin malas caras…

Y si hay algo que suena forzado, revisa:

  • tus necesidades,
  • tus expectativas y
  • tus carencias.

Quizás ahí hay más claves de las que te crees. Y deja un poco de espacio entre el niño/niña para poder verte y para poder verlo.

Vaya, que con esto quiero decirte que en este momento me gustaría que pararas a reflexionar sobre si vale la pena poner deberes y el cómo ponerlos.

Yo creo, que en este momento, el mejor deber que podemos poner es a nosotros mismos:

  • El deber de descubrir cómo se ha sentido durante todo este tiempo de confinamiento,
  • El deber de descubrir sus emociones actuales y reprimidas, porque muchas aún no han salido,
  • El deber de descubrir qué necesita ahora para sentirse bien,
  • El deber de descubrir qué le motiva y le gusta en este momento,
  • El deber de proporcionarles un espacio seguro donde puedan sacar todo aquello que necesitan expresar.
  • El deber de darle voz y escuchar desde la empatía y el amor,
  • El deber de dejarles disfrutar de las cosas que le llenan y que todos los niños y niñas deberían de hacer en verano.

Así que te invito a que este verano te lo tomes con calma, que selecciones muy bien que material vas a ofrecer si decides ofrecerlo. Que busques espacios para que tengan tiempo libre en entornos libres donde puedan sentirse ellos y ellas mismas, reconectándose tanto consigo como con la naturaleza.

Y como ideas para empezar, te comparto estas que no deben faltar:

lista para niños para apuntar las aventuras del verano

Deseo que te haya inspirado y te haya aportado una vuelta de tuerca más.
En breve, te compartiré más cosas interesantes para este verano.
Un abrazo,
Yessica
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