Deberes para el verano. Repensando el por qué y el cómo hacerlos

Una oportunidad para darle una vuelta de tuerca a lo que nos gustaría que aprendieran o que aprovecharan el verano para repasar… Un paso a reflexionar el por qué y el cómo hacerlo para que realmente esos aprendizajes sean significativos.

Hoy quiero compartirte, seas madre o profe, un poco de reflexión sobre cómo queremos que sea este verano que está a punto de empezar para tus alumnos o para tus hijos e hijas.

Soy consciente, desde la mirada adulta, que quizás tengas intención de:

 

Seguramente haya más opciones y todas son válidas.

Pero te pregunto… ¿de dónde sale esta intención? ¿quién la maneja?

Es interesante pararse a pensar en ello porque quizás, lo que hay detrás de esa intención es:

Sabes que no voy a opinar al respecto porque sé que eso que a ti te motiva, es totalmente lícito. ¡Tú así lo sientes! y eso está bien. Pero saber qué es lo que te está moviendo de verdad a ello es importante porque te darás cuenta si eso que haces lo haces por ti, por tu necesidad/miedo/autoestima/control (llámalo como quieras), o porque ves que tus alumnos o hijo o hija te lo está solicitando y crees que es una buena oportunidad para acompañar…

Desde ese PARA QUÉ lo haces y DESDE DÓNDE lo haces

Desde ahí vamos a hablar de las posibilidades. ¿Te parece?

¿Cuáles son las mejores actividades para aprender en verano?

Si lo que buscas es aconsejar a tus alumnos y/o acompañar a tus hijos e hijas con actividades didácticas para reforzar/adquirir contenido concreto; decirte que todo contenido es mejor asimilado si:

¿Por qué plantear los deberes de verano de esta manera?

Me gustaría dejar de llamarlos deberes porque para el verano lo que debería de haber son oportunidades de aprendizaje y exploración.

Si partimos desde esta mirada de exploración y curiosidad, se nos genera todo un mundo de oportunidades diarias para que los niños y las niñas aprendan sin necesidad de poner ningún tipo de deber explícito.

Así, ese contenido educativo que te gustaría que adquirieran, lo pueden encontrar en lo cotidiano, en las preguntas que te plantean, en el tema que le motiva, en un viaje en coche o en la espera de una estación.

Con respecto a esto, te sugiero estas ideas:

Y, ¿por qué así?

Pero a donde realmente quería llegar era a esta pregunta: ¿necesitan deberes este verano?

Volviendo al principio, me gustaría aportar otra vuelta de tuerca a este tema: ¿realmente necesitan deberes?

Pongámonos en situación: venimos de un momento histórico, donde los niños y las niñas han aplicado la resiliencia como ningún otro, han estado adaptándose también a una realidad que, en muchos casos, le ha costado manipular para entenderla.

Venimos de un momento donde muchos adultos han optado por seguir ‘como si nada’ con el contenido curricular sin prestar mucha atención a cómo estaba ese niño o esa niña en su entorno. Y no sé si lo sabes pero:

Un niño o una niña, cuando mejor aprenden es cuando sus necesidades emocionales están cuidadas y se siente seguro. Y cuando sus necesidades básicas están cubiertas y seguras, es cuando el aprendizaje puede asimilarlo de forma significativa, conectándolo con una emoción positiva. ¡Ahí aprende!

Y hemos ido tan rápido (todos y todas), que, en muchos casos, no nos hemos parado a pensar cómo estaban, qué necesitaban, cómo se sentían…

Y ahora llega el verano, ese tiempo donde poder relajarse y disfrutar, donde poder compartir en familia y pretendemos seguir llenando de contenido sus mentes que aún no están integradas con sus emociones ni con su cuerpo.

Para aprender necesitamos estar bien, sentirnos seguros, amados, con vínculo con nosotros mismos y con el entorno cercano. Necesitamos que nuestra mente, nuestro corazón y nuestro cuerpo bailen al mismo son…

Y esto lleva un poquito más de tiempo y, sobre todo, mucha observación por parte del adulto hacia el niño o la niña.

Si paras, podrás ver cómo está, qué le apetece de verdad, a qué le gusta jugar y de qué forma lo está haciendo. El juego es el mejor medio de expresión (el dibujo también), para ver cómo se sienten por dentro.

Y cuando veas que está listo, que está conectado y motivado, es ahí cuando ese contenido didáctico puede comenzar a entrar en sus vidas. Sin prisas, sin obligaciones, sin malas caras…

Y si hay algo que suena forzado, revisa:

Quizás ahí hay más claves de las que te crees. Y deja un poco de espacio entre el niño/niña para poder verte y para poder verlo.

Vaya, que con esto quiero decirte que en este momento me gustaría que pararas a reflexionar sobre si vale la pena poner deberes y el cómo ponerlos.

Yo creo, que en este momento, el mejor deber que podemos poner es a nosotros mismos:

Así que te invito a que este verano te lo tomes con calma, que selecciones muy bien que material vas a ofrecer si decides ofrecerlo. Que busques espacios para que tengan tiempo libre en entornos libres donde puedan sentirse ellos y ellas mismas, reconectándose tanto consigo como con la naturaleza.

Y como ideas para empezar, te comparto estas que no deben faltar:

lista para niños para apuntar las aventuras del verano

Deseo que te haya inspirado y te haya aportado una vuelta de tuerca más.
En breve, te compartiré más cosas interesantes para este verano.
Un abrazo,
Yessica

2 comentarios

  1. Me ha gustado mucho este post. Me deja algunas tareas para revisar y transitar con calma y respeto este verano (acá en Perú estamos de verano).

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